En primavera, Andorra se vive con una luz diferente. Es la época en la que la montaña se despierta, los pueblos recuperan su ritmo tranquilo y apetece descubrir el país sin prisas. Es un muy buen momento para combinar naturaleza y cultura: pasear por entornos abiertos, visitar iglesias románicas, descubrir museos y adentrarse en la historia del Principado a través de itinerarios como la Ruta del Hierro o espacios patrimoniales de alto valor. La primavera también invita a disfrutar de la gastronomía local y de pequeñas escapadas con encanto.